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Política y moralidad: uso y desuso
07/12/09

Uno de los temas de actualidad política y económica estos días en Cataluña, es la reforma del Impuesto de Sucesiones. Soy consciente de que es un tema cuyo interés se limita aparentemente a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña, como es  mi caso.

Sin embargo, el debate surgido sobre este punto, así como las reflexiones que me motiva, trascienden este entorno para mostrar, espero, un cierto interés general.

 

En el enfoque, un tanto demagógico, de este tema por parte de algunos políticos y partidos de izquierdas, he observado el uso de calificativos morales de forma totalmente improcedente e interesada. Declaraciones en las que se califica de “inmoral” el que determinados patrimonios de millones de euros puedan ser transmitidos por sucesión sin cargas fiscales.

 

La primera reflexión es que los juicios morales deben establecerse sobre la naturaleza del acto,  no sobre la cuantía. Por ejemplo, moralmente no hay diferencia entre robar cien euros o diez mil, en ambos casos se trata de un comportamiento inmoral. Las diferencias, lógicas por otra parte, son jurídicas o económicas.

 

En consecuencia, si permitir la transmisión, vía sucesión, de un patrimonio es inmoral, lo es tanto si el patrimonio es de diez euros como de cien mil. Mejor abandonemos esta línea de razonamiento porque no nos lleva a ningún sitio.

 

He observado un tratamiento semejante por parte de algunos políticos y autoridades en alguno de los recientes escándalos de corrupción, en los que también se vinculaba en algunas declaraciones, el rechazo moral con la cuantía de la apropiación. Una vez mas conviene separar el juicio moral del acto en  su propia naturaleza  de las consecuencias económicas, sociales, políticas, jurídicas y penales que sí tienen relación con la cuantía, forma, plazo, etc.

El mensaje “robar mucho está mal” no es exactamente el que deseamos transmitir a nuestros hijos.

 

Retomando al debate sobre el Impuesto de Sucesiones en Cataluña., también he tenido oportunidad de leer y escuchar otros argumentos de los representantes de la izquierda que considero una sutil e indecorosa manipulación de la realidad, declaraciones en las que se transforman las cifras que recauda este impuesto en Cataluña en una teórica equivalencia en prestaciones sociales: educación, sanidad, etc. He llegado a leer una conversión en sesenta mil plazas escolares.

Califico estas declaraciones de indecorosa manipulación porque el mensaje implícito es que los ingresos de este impuesto (y por ende de nuestros impuestos en general), se pueden traducir directamente en prestaciones sociales para los ciudadanos, esquivando sigilosamente la conversión en otras cifras, como por ejemplo: contratación de informes de todo tipo, publicidad institucional, actos protocolarios, sueldos y prestaciones de los cargos, etc.

Es evidente que esa traducción no interesa a los políticos de izquierdas, sobre todo en Cataluña, donde forman parte del gobierno y resultaría embarazosa la arenga “con ese dinero se pueden solicitar doscientos mil informes sobre todo tipo de cosas...”

Bien, pues si no se hace de lo uno, no debe hacerse de lo otro y menos aún, si se es arte y parte como es el caso.

 

El problema que plantea el Impuesto de Sucesiones es muy complejo y debe abordarse con cautela,  contemplando las diferentes implicaciones.

En primer lugar debe entenderse que constituye una partida muy importante de los ingresos de Cataluña, por tanto una aproximación realista y razonable debe considerar que, con independencia del resto de juicios económicos, políticos y sociales, no resulta conveniente suprimir de forma brusca y directa esta partida. Debería contemplarse dentro de una actuación que por un lado redujese progresivamente esta tributación y, por el otro, permitiese los necesarios ajustes tanto en ingresos sustitutivos como en reducción y adecuación de gastos.

 

Desde un punto de vista económico, es preciso considerar las consecuencias de la situación actual y el impacto que está produciendo en otros ingresos tributarios el desplazamiento de residencias, patrimonios o parte de los mismos a otros territorios fiscales. Pudiera ser el caso de que parte de los ingresos que tememos perder, se estén perdiendo ya en otros tributos.

 

 Finalmente, para las mujeres, este es un tema de especial sensibilidad, porque nos sentimos muy susceptibles en todo lo que afecta a nuestro deseo y voluntad de transmitir a nuestros hijos los mejores y mayores legados posibles, tanto en educación, libertad o cultura como en patrimonio.

En este punto es donde me acometen grandes dudas sobre la verdadera naturaleza de este problema. ¿No debe existir un punto y final tributario? Una vez se ha conseguido reunir un patrimonio, de forma totalmente legal, pagando religiosamente todos los impuestos posibles, desde los ingresos por rendimiento personal o de capital, hasta el iva y tributos de la adquisición de bienes inmuebles, pasando por los impuestos y tributos posteriores resultado de su tenencia.... ¿No debe existir un punto en que ya se ha pagado todo, y se puede aspirar a transmitirlo a tus hijos con la esperanza de que no estés legando un problema? ¿ Cuantas generaciones, cuantos impuestos y cuantas veces debe pagar una misma familia por el mismo bien?

 

Mi modesta y seguramente poco rigurosa opinión es que la situación realmente indecorosa no es transmitir un patrimonio de varios millones de euros de padres a hijos sin nuevas cargas.... lo indecoroso es, en alguno de los casos, como se ha podido acumular y mantener un patrimonio monstruoso.

Probablemente este es el punto que arroja mas sombras. Hay casos sobradamente públicos y notorios, como el tratamiento fiscal de los ingresos de determinados futbolistas, pero también otros muchos casos en zonas más grises que permiten albergar serias dudas sobre la formación y acumulación de capitales y patrimonios.

 

Por último quedarían los casos (deberían ser todos) en los que la acumulación de un patrimonio descomunal ha resultado perfectamente transparente, coexistiendo en ese proceso con el cumplimiento de obligaciones fiscales y tributarias igualmente descomunales.

Si este fuese el caso y se han cumplido todas las obligaciones fiscales, con independencia de que se trate de un gran o pequeño patrimonio, entonces no me parece justificado que en una situación tan concreta, tan trascendente en lo personal como es la transmisión de padres a hijos, se materialicen unas cargas tributarias que, de ser justificables, deberían insertarse con anterioridad, en los procesos de generación y acumulación de riqueza que han gestado ese patrimonio.

 

 

 

 

 

 

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